08 Junio 2026
Un mundial que no se vive.
Silvano Bautista.
En punto de las 13 horas del próximo 11 de junio en la Ciudad de México se dará el pitazo inicial del partido inaugural de México contra Sudáfrica. Sin embargo, a decir de muchos especialistas este mundial a diferencia del 86 no se ve, no se vive y no se siente.
De entrada, dicen, los que saben que México sabía con 8 años de anticipación que sería sede de esta justa deportiva y que el gobierno anterior encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador lo dejó pasar y no mostró el más mínimo interés. Y ahora toca a la administración de la presidenta, Claudia Sheinbaum hacer prácticamente, todo a la carrera. En el caso del gobierno de la Ciudad de México este tampoco se queda atrás y se ha limitado a pintar ajolotes morados por toda la ciudad.
A esto se agrega el desmadre, el caos y el vandalismo de la CNTE en la capital del país que ha amenazado en que si no hay solución no rodará el balón, y amenazan con un boicotear la inauguración mundialista.
A estos factores se ha sumado la voracidad de la FIFA de querer “agandallarse” toda actividad que signifique una fuente de ingresos relacionadas con los partidos mundialistas. El pleito que sostuvieron los dueños de palcos del estadio “Banorte”, a quienes no se les permitía el ingreso a los palcos a los cuales tienen derecho, fue solo uno de tantos factores de esta situación. Los dueños tuvieron que recurrir a la justicia para que se les permitiera el ingreso primeramente a los partidos y posteriormente se les respetara su derecho a ingresar con alimentos y bebidas.
La percepción de que el Mundial 2026 «no se siente» es compartida por muchos y se debe a factores como el aumento de los precios, el ambiente altamente corporativo, las tensiones sociopolíticas y la repartición del torneo en tres países.
Se agrega, además la comercialización y precios: A diferencia de ediciones históricas, la actual ha sido criticada por enfocarse excesivamente en el marketing y en la venta de boletos a precios hasta cinco veces más altos que en Qatar. Esto ha alejado la experiencia del aficionado promedio.
Se suma también, la falta de unión y ambiente: analistas deportivos como José Ramón Fernández han señalado que, en México, por ejemplo, el ambiente carece de la espontaneidad y la euforia nacionalista que se vivió en el 86, sintiéndose más como un evento corporativo, de elite y distante.
El formato de tres sedes: al estar dividido entre Estados Unidos, México y Canadá, el entusiasmo se diluye geográficamente. En lugar de tener a todo un país vibrando por completo en sus calles, la fiesta está mucho más fragmentada y concentrada exclusivamente en las ciudades sede.
Y para rematar, se suma la inseguridad e incertidumbre. El México y en el entorno estadounidense, temas como la violencia local y las restricciones migratorias han afectado el ánimo general de la población.
El columnista Álvaro Vértiz, señala que hay algo extraño en el ambiente. México está por recibir un Mundial, y el entusiasmo no termina de sentirse por completo. La publicidad está por todos lados. Las marcas buscan capturar el momento. El Mundial aparece en anuncios y campañas.
Pero en la calle, en la conversación pública y en el ánimo, la emoción avanza con más escepticismo que celebración. Y vale la pena preguntarse por qué. La explicación más evidente está en los precios.
Tener partidos en casa no significa poder asistir. Cuando los boletos, hoteles y paquetes son inaccesibles para un sector importante de la población, el mensaje emocional cambia: el Mundial deja de sentirse como una fiesta compartida y parece un espectáculo donde los corporativos capturan buena parte del beneficio simbólico y económico. La FIFA tiene una responsabilidad. Durante años ha avanzado hacia un modelo más restrictivo, más caro y más controlado. Extraordinariamente rentable, sí, pero también más alejado del aficionado común.
El resultado es que el Mundial deja de ser sólo futbol. Se convierte en espejo de nuestras tensiones: desigualdad, acceso, confianza institucional, capacidad de ejecución y dificultad para reconocer matices.
Conalep Chiapas entra a la fiebre mundialista.
El director general del Conalep Chiapas, Leonardo León Alcázar, demostró su técnica en el manejo del balón. Y es que este sistema educativo, le entró a la fiebre mundialista que arrancará el próximo jueves en la capital del país en el partido inaugural de México contra Sudáfrica.
Leo Alcázar asistió al Estadio “Víctor Manuel Reyna”, en dónde se llevó a cabo la inauguración del Mundialito Escolar 2026, denominado: “Gol por la Transformación”, este importante encuentro deportivo refleja el compromiso de seguir impulsando espacios que fortalezcan valores como la disciplina, el respeto, el trabajo en equipo y la sana convivencia. Desde CONALEP Chiapas, dijo, reconocemos el esfuerzo y dedicación de quienes hacen posible estas iniciativas, reafirmando su compromiso con la formación integral de las nuevas generaciones.
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