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LETRAS DESNUDAS

05 junio 2019

MARIO CABALLERO

EL DESTELLO DEL CONGRESO

La política chiapaneca dio un giro insospechado. Desde hace ocho meses el Congreso local abrió la puerta al diálogo, a los acuerdos. El Poder Legislativo interrumpió de tajo las deleznables tradiciones para hacernos ver que ni la elección más enfática puede borrar la pluralidad chiapaneca. Es importante apreciarlo, las condiciones que lo hicieron posible y las perspectivas que abre para el futuro inmediato de Chiapas.

Los hechos hacen notar que desde octubre pasado la legislatura recupera un papel que parecía perdido y que suponíamos se eclipsaría por la mayoría aplastante de Morena. Para clarificarlo, recojo las palabras del diputado morenista Marcelo Toledo Cruz a pocas semanas de haber asumido el cargo en la presidencia de la Junta de Coordinación Política: “Chiapas debe estar confiado en que eligió bien el primero de julio, que no se equivocaron y no les vamos a fallar. Desde el Congreso del Estado asumimos las responsabilidades que nos corresponde para que las decisiones sean más adecuadas y siempre pensando en el bienestar”.

¿Qué connotación política tiene lo dicho por el legislador de Morena?

Las palabras no pueden volver a atrás vacías. Más allá del proceso de deliberación parlamentaria que ha aprobado lo que conviene a la salud democrática, social y económica del estado, la pronunciación de Toledo Cruz es muestra de que otra política es posible. Una política que reconozca la realidad, que aprecie el valor del conocimiento, el compromiso, los tiempos y el mérito del diálogo.

Importa mucho porque de acuerdo con la historia el equilibrio entre poderes fue pura simulación, una conchabanza en la que los gobernadores en turno dictaban lo que el Congreso del Estado debía aprobar y ordenaba al Poder Judicial los atentados, las desapariciones forzadas, los destierros y los asesinatos necesarios para mantener en pie el poder.

De manera inverosímil, cuando lo que debió existir era autonomía, hubo una actitud servil y rastrera de un poder hacia el otro, del Legislativo al Ejecutivo, que no sólo ofendió la voluntad del pueblo, la democracia y la buena política, pues también desmoronó la credibilidad del parlamentarismo chiapaneco.

LO QUE UNA VEZ FUE

En otros tiempos el Congreso del Estado fue una herramienta para el desenfreno y las intrigas. Sirvió en muchos casos para desatar las más inicuas cacerías políticas en contra de los enemigos del régimen que, sin cortapisas, gozó del encubrimiento de los diputados locales para ejecutar las más atroces acciones.

El parlamento careció de credibilidad. En lugar de velar por los intereses de los chiapanecos se dedicó oficialmente a las conspiraciones y a rendirle una absurda pleitesía al Ejecutivo. Jamás ahí se crearon leyes para promover el desarrollo de la entidad o defender a los “abandonados” por el gobierno, sino fue el espacio en el que se desataron escándalos de corrupción e impudicias.

Difícilmente podrán olvidarse los bacanales de Tito Rubín Cruz en su paso como diputado presidente de la Gran Comisión, quien vio sus años de esplendor como miembro de la banda criminal El Pañal, o los préstamos abusivos que José Ángel Córdova Toledo (q.e.p.d.) y Juan Jesús Aquino Calvo le autorizaron al exgobernador Juan Sabines Guerrero.

Tampoco se borrarán de la memoria los actos de corrupción de la priista Arely Madrid Tovilla cuando presidió la Junta de Coordinación Política, en una etapa que se cree hubo una grosera dilapidación de recursos que enriqueció a todos los integrantes de la Cámara, sobre todo a los del PRI.

De esa manera, mientras la sociedad sufría desabasto de medicamentos, dispersión social, pobreza extrema y falta de oportunidades, los diputados hicieron fiesta con el erario público. No les importó que en las comunidades indígenas los niños murieran de enfermedades curables como la fiebre o la diarrea por el simple hecho no tener una pastilla. Se dedicaron a abultar sus cuentas bancarias, comprar residencias, autos, joyas y hasta se dieron el lujo de tener dos o tres amantes.

Alguna vez dijo el poeta Javier Sicilia: “Hay que elegir hoy entre hacer cosas humildes y eficaces o aceptar el crimen y la imbecilidad como regla de vida”. Muchos de los diputados de ayer eligieron sublimar los quebrantos de los chiapanecos al dejar sin autonomía al Congreso, con tal de servir a intereses ajenos y construir redes de corrupción con los otros poderes.

Probablemente la legislatura 2010-2012 (durante el último tramo del gobierno de Sabines Guerrero) ha sido la peor de todas. En ella los diputados aprobaron insultantes préstamos al Gobierno del Estado y protegieron a los funcionarios estatales y alcaldes adeptos a Sabines. No fue todo. Además, autorizaron la modificación al artículo 26 de la Constitución de Chiapas para impedir que el exgobernador fuera enjuiciado por el mal ejercicio de los recursos y las inconsistencias de la cuenta pública.

Personajes como Javín Guzmán Vilchis o Alejandra Soriano, por ejemplo, nunca representaron al pueblo porque estaban ocupados en francachelas o sirviéndole de palafreneros al exgobernador Sabines, y todo por la mezquindad, la concupiscencia y el supuesto pago millonario que recibieron por sus favores. Por falsos representantes del pueblo como ellos es que se prolongó la desgracia de nuestra sociedad.

¿Qué es ser diputado en nuestros días? Un agente de cambio, de gestión, de reajuste, que la mayoría de los congresistas de las pasadas tres décadas no supieron ser. Durante ese largo lapso de tiempo en el Congreso local no fluyeron las ideas, ni las iniciativas, ni las propuestas, pero sí un insólito caudal de dinero que demostró que en un estado pobre como el nuestro, la impunidad y la depravación son una tautología.

Petardo que no estalla no causa gracia, dice un dicho. Algo parecido se dijo en Chiapas sobre los anteriores gobiernos: “gobierno que no tiene excesos no funciona”. En este territorio colmado de abusos tuvo su peor período desde los años de Absalón Castellanos Domínguez hasta la administración anterior. Sin embargo, ninguna como la administración de Pablo Salazar Mendiguchía quien con locura y despotismo sembró el terror en la población.

Salazar recurrió a la amenaza, la represión y, a veces, a las atenciones económicas para quitarse de encima a sus adversarios. A través de ello logró tener un Congreso sumiso y a modo, donde no sólo le aprobaron créditos, sino también iniciativas de ley que le facilitaron maniobrar los dineros y las instituciones a su antojo.

¿UNA NUEVA HISTORIA?

Por tanto, lo dicho por el legislador Marcelo Toledo alientan a toda una sociedad víctima de ultrajes, espectadora de fricciones absurdas y de las demostraciones intelectuales más ridículas de quienes se consideraban representantes de los chiapanecos.

La frase “no les vamos a fallar” de Toledo Cruz, que incluye la opinión de los 40 diputados, es parte de la nueva época política que nace en el estado a partir del tsunami electoral del 1º de julio. Pero también es parte del compromiso de un legislador que conoce ad litteram qué significa el arte de gobernar y que entiende que el parlamentarismo debe estar enfocado en lograr buenos resultados y no en el pago de facturas políticas y revanchismos.

Entre el ayer y el hoy del Congreso del Estado hay una diferencia. Las historias de corrupción y hostilidades pasaron a ser parte de ese pasado repugnante.

Lo que vemos en estos días no es sumisión, sino la concertación entre poderes, la construcción de lazos de cooperación para alcanzar el progreso, incluso en medio de las diferencias lógicas.

El Congreso local tiene autonomía y una dignidad nunca antes vista, pero trabaja en unidad con el mandatario en una agenda política muy conveniente. Asimismo, mantiene una política de puertas abiertas, de gestoría y de atención directa a toda la sociedad chiapaneca.

Marcelo Toledo ha demostrado ser un congresista capaz de diseñar la agenda legislativa que necesita Chiapas, y un político con la disposición para encontrar los acuerdos. Un buen líder cameral.

Lo más destacable es que el Congreso chiapaneco, por fin, es responsable de los puntos fundamentales que a Chiapas le interesan: la paz social, la solución de conflictos, la justicia, la apertura a mayores oportunidades y la construcción de un mejor futuro. Se rompió la estampa de la subordinación y la connivencia, y se nos presenta ahora la estampa contraria: la de la pluralidad y el deber. ¡Chao!

yomariocaballero@gmail.com

 

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